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Vivir De Sorpresas
19 Ago

Vivir De Sorpresas

Publicado por Corporación Desafío - 2021

Hace un par de noches vino a nuestra casa Marco, un poblador vecino, para hablar conmigo sobre una situación familiar. Al despedirnos me di cuenta que él tenía algo más para hablarme, pero se contuvo, así es que le insistí que tuviera confianza, se sentó de nuevo y un poco inseguro aceptó. Empezó a contar lo que le había pasado la mañana anterior. Él como pequeño vendedor en Patronato, había llegado a su puesto de venta, pero en el pasillo frente a él, estaba tirado en el suelo un “viejito de la calle“, aparentemente durmiendo su borrachera, sin moverse. En la medida que pasaba más gente por el pasillo el viejo corría el peligro que alguien lo pisara.

Así entre él y algunos vecinos decidieron trasladarlo al costado de la entrada del pasillo. Este dio apenas señales de vida. Pero lo dejaron allí. Sin embargo, cuando Marco salió al mediodía, vio al viejito apoyado en la pared de la entrada y sentada a su lado una mujer colombiana. Era la contratada para controlar en la mañana la entrada al pasillo. Ahora ella había comprado para el viejito –evidentemente discapacitado- una sopita de pollo y una bebida. Marco observaba que, cuidadosamente ella le llevaba la cuchara a la boca, sin embargo con sus pocos dientes le caían pedacitos de pollo a su pantalón. Él con su mano temblorosa trataba de volverlos a su boca.

Al ver Marco esto, quedó impactado y preguntó a la mujer, por qué hacía eso. Le contó que ella en su tierra había trabajado como profesional en un asilo con ancianos, pero que en Chile no se reconocía su título. En eso, Marco ante mí, quedó un momento en silencio y me dijo: “Hermana, yo nunca más en mi vida podré pasar de largo sin hacer nada cuando vea a un caído“.

Les abraza,
Karoline

Esta Historia es un regalo de la Hermana Karoline Mayer a la Comunidad de Desafío de Humanidad