Reflexiones para dar sentido al Bicentenario
Escrito por Equipo de Comunicaciones   
Lunes 12 de Julio de 2010 16:28

Regularmente quienes se sitúan como líderes o son recreados como tales por los medios de comunicación nos proponen o prometen un futuro, donde el desarrollo, en diversos ámbitos de la vida, será posible para quienes por generaciones esperan oportunidades que les permitan vivir en dignidad. Hoy la globalización supone que la concreción de este desafío es viable si se integra la interdependencia, el flujo entre lo individual y lo colectivo. Vale decir, el desarrollo de unos es inviable de espaldas al desarrollo de nuestros vecinos o prójimos.

 

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Al respecto, en el libro Nuestra fe en este siglo, editado por Desafío, los autores señalan:

 

 “El siglo XXI no alcanzará su pleno desarrollo si la educación que damos a las nuevas generaciones y la acción de los líderes de opinión  no logra crear una conciencia mundial en la opinión de todos. Debe nacer una nueva ciudadanía; no un vago cosmopolitismo, sino una verdadera ciudadanía, rica de todas nuestras adhesiones reconciliadas. Una ciudadanía que se apoye en el reconocimiento del otro y de nuestro estado de dependencia mutua. Se trata de un plus de ciudadanía, en todos los planos: Local, regional, nacional, mundial. ¿Cómo lograrlo? No es una tarea menor. Hay que llegar, en efecto, a una ciudadanía positiva, generadora de solidaridad. Esto requiere de una acción allí donde vivimos. Tomemos al pie de la letra esta bella fórmula: Think globally, act localty (piensa global, actúa local). Dicho en otras palabras, debemos sembrar lo universal a escala local, plantar lo universal en todas partes, es hoy la única manera segura de hacer vivir y florecer, en el diálogo, todas las culturas y todos los patriotismos”.